Cómo nos aprendemos a recibir la crítica.

Un día me encontraba finalizando función en el Teatro del Estado en la ciudad de Xalapa. Cabe mencionarse que no es la primera vez que me presento ahí, pues desde hace varios años he tenido la oportunidad de apoyar en diversos espectáculos en el área de iluminación, así como de dar función, por lo que al personal técnico lo conozco de hace unos años y mantengo una relación cordial con ellos. Al despedirme le contaba a uno de los técnicos que debía de recoger las cosas de una función, y al decirle qué obra era, me comentó que le había gustado mucho cuando la pudo apreciar en una muestra de teatro que se realizó hace unos años. Ese comentario me reconfortó, pues era algo que no esperaba escuchar, y tal impacto tuvo en mí que me motivó a escribir respecto al tema de la crítica. 

Aprender a recibir la crítica de nuestro trabajo no siempre es facil, ya que muchas veces depositamos la validacion de nuestro trabajo en el otro, en el sentido de que dependemos de la opinion de los demás para asumir una postura de nuestro quehacer como artistas. Frecuentemente esta validación se da por el mismo gremio artístico, que en ocasiones más que dar observaciones concretas, objetivas y oportunas sobre aspectos a mejorar del trabajo, se quedan en una critica meramente subjetiva sobre el “me gusto”, “no me gusto”, “es buena”, “es mala”, sin aportar nada realmente. 

Hay que tener en cuenta que no va a haber algo que le guste a todos, y lo que a unos les parece maravilloso, para otros puede parecer mera ocurrencia o cosas sin sentido. Al emitir comentarios hay que hacernos responsables de la manera en que lo hacemos, con qué sentido, y si lo que vamos a decir realmente va a aportar al compañero en su crecimiento.

Es muy distinto decir: “en lo personal no me gustó, ya que no me siento identificado con la temática, la poética, o el discurso en general, pero puedo reconocer que tiene estos aciertos o cualidades, y puede mejorar en estos elementos, ya sean técnicos, de producción, etc.” 

Es muy fácil juzgar y descalificar el trabajo de otra persona, y esto lo pude vivir hace unos años en una MET, donde el jurado emitió comentarios dónde cuestionaban y descalificaban el montaje que había presentado. Evidentemente si me impacto de inicio, pero pensando fríamente, nunca me dieron opciones de cómo mejorar. Dias despues, me enteré de que no fui la unica que recibió ese tipo de comentarios, sino que fue general para todos los participantes, y sabiendo esto decidí no darles demasiada importancia. La convocatoria de la MET mencionaba que el jurado calificador estaba conformado por especialistas en la materia, por lo que me dí a la tarea de googlearlos para saber más de su trabajo y trayectoria. ¿Qué descubrí? Muy poca informacion sobre ellos. Reafirme aquello que ya intuía: son personas pertenecientes a un sector muy pequeño donde únicamente el mismo gremio llega a conocer, y que fuera de ahí nadie más los conoce; incluso he de confesar que yo al ver sus nombres, en mi vida los habia escuchado nombrar. 

Me pude dar cuenta que estaba depositandole demasiado poder a estas personas que ni conocia, pero al tener un “renombre”, uno llega a creer que tienen razón. 

Me cuestioné realmente para quién hago teatro, si para recibir la aprobacion de mi mismo gremio, tener la aceptacion del público o era por mí misma. Una vez que logré contestarme a mi misma el sentido de hacer arte y el objetivo que tengo con él, ha sido mas sencillo seguir este camino, pero sobretodo, me ha permitido llevarlo a cabo con mayor disfrute y seguridad. 

Todos en algún momento hemos sentido miedo a recibir críticas, o hemos recibido comentarios no gratos de nuestro trabajo, pero te invito a que realmente te cuestiones: ¿para qué y para quién hago lo que hago? No es una pregunta facil de responder, y eventualemnte la respuesta puede verse modificada, ya que las circunstancias y la vida en si misma cambia, pero siempre es bueno volverse a cuestionar esto para encontrar nuevamente nuestro camino. 

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