¿Cómo influyen las escuelas de arte?

De cuando el proceso creativo se ve afectado por las escuelas de arte.

La creatividad vista como un proceso, mediante el cual el individuo desarrolla la facultad de crear, tomar decisiones y buscar soluciones ante problemáticas; es una temática de suma importancia, debido a que existe un descuido latente por parte de las entidades educativas al no explorar la integración de dichas habilidades como parte del mapa curricular, puesto que, generalmente, se le da una mayor importancia o carga a asignaturas como español, matemáticas, desarrollando un conocimiento lógico, mientras que al área artística se le asignan pocas horas a la semana, al creer que es un tema del que pueden prescindir. Esto ha sido observado por lo propuesto en el plan de estudios 2011 (Dirección General de Desarrollo Curricular, 2011).

En algunos de los casos, son los propios docentes quienes incurren en restarle valor al área artística, ya que se dedican a impartir los contenidos de otras materias que consideran imperativas para su formación; sin embargo, en nivel secundaria, que se cuenta con un profesor por asignatura, hay una recurrente tendencia a que los docentes encargados de impartir las materias pertenecientes al área artística, la mayoría poseen o muestran una formación deficiente en el área. Todo ello ha sido observado por la experiencia y se ha expuesto mediante pláticas con docentes de diversos niveles educativos, como lo son primaria y secundaria principalmente, ya que son los periodos en los que la asignatura de artes está en el programa escolar obligatorio, ya que en el bachillerato ésta se oferta como opcional.

Esto es un fenómeno no exclusivo de las artes, ya que la creatividad, al ser una habilidad que se emplea en la vida, sin importar la disciplina a la que uno se dedique, existe persistentemente el estigma “no soy creativo”, lo cual se evidencia cuando se debe de ejecutar alguna actividad relacionada directamente con el arte, como dibujar, escribir, proponer algo nuevo, etc. Se pierde la conciencia de que toda actividad requiere la creatividad para ser ejecutada. A pesar de esto, existe a su vez una fuerte resistencia a desempeñar actividades de carácter artístico por temor a hacerlo mal, no tener talento, o por el que dirá el otro.

Por otra parte, la formación de introyectos negativos desde temprana edad afecta al individuo en su desarrollo como persona, puesto que, al momento de enfrentarse ante una persona con mayor dominio de un tópico y esta refuerce aquel introyecto negativo, es que la persona asimila aquel introyecto en otros campos de su vida (artes), creando y fortaleciendo bloqueos creativos.

Los bloqueos creativos afectan de tal manera que la persona pierde el placer de realizar actividades creativas, limitándose y reprimiendo aquella necesidad de manifestación (Simberg, 1992).

El aventurarse a la profesionalización del arte, puede convertirse en un arma de doble filo, cuestión que puedo refutar desde mi experiencia como Licenciada en Teatro. Esto es notorio y se da después de que uno comienza a realizar el arte por gusto, pasión, o amor a lo que hace y existe este interés en aprender más, tener un bagaje más amplio, y esto se puede lograr por dos medios: la vida misma o experiencia (las “tablas”), y los estudios especializados en el área.

Cada una presenta sus ventajas y desventajas. En el caso de irse “por la libre” (como se dice vulgarmente entre la misma gente del medio artístico), conlleva a una serie de aprendizajes que llegan a ser de una manera un tanto agresiva, pues se aprende con base a los, no faltantes, golpes de la experiencia. Se puede decir también que por este medio, se aprende mucho de lo que se conocería cursando estudios superiores, no obstante, lleva más tiempo. Es decir, algo que en la escuela se aprende en 4 o 5 años, por la libre se aprende en un mayor plazo de tiempo.

Retomando la importancia de los estudios especializados, se posee la principal ventaja de adquirir un cúmulo de conocimientos en un periodo corto de tiempo, además de otorgar un documento que avala dicho estudio, que laboralmente, puede brindar más facilidades, por lo contrario, una de las principales desventajas es que aquello que en un inicio te apasionaba, se puede llegar a tornar una responsabilidad, una obligación, y se vive en un entorno rodeado de un ojo crítico constante, sobre lo que se debe o no hacer, lo correcto y lo incorrecto.

Este fenómeno lo pude advertir y ver a desde mi propia experiencia, durante mi estancia como alumna de una licenciatura en artes, pues durante mi permanencia en la carrera, se generan diversos temores, inquietudes, referentes a la capacidad creativa-creadora propia, incluso en varias ocasiones dudando de la misma. Se observan constantes comentarios, por parte del alumnado, declarando que pierden parte de la seguridad y confianza con la que llegan a la licenciatura, dudando en demasía si realmente están hechos para este rubro.

Con los músicos, por ejemplo, se presentan situaciones similares, ya que se preocupan tanto por la técnica, que para poder disfrutar su ejecución (ya sea con instrumento o canto), su felicidad está en función de qué tan bien lo hicieron, es decir, si se equivocaron o no; el gozo de tocar o cantar, ya no está en función de hacerlo por diversión únicamente, sino en la forma en que lo hacen y cómo lo recibe el público. Con los bailarines, es una historia un tanto similar, en el sentido de bailar, regidos por la técnica e interpretación del movimiento.

Esta problemática la llegan a vivir los artistas en general y muchas personas, debido a que, para evitar el sufrimiento o el enjuiciamiento, se limitan a realizar actividades aprobadas, en lugar de buscar la propia expresión de su ser; en el peor de los casos, desertan de aquello que alguna vez les generó placer.

Fragmento de mi Tesis: «La incidencia de los introyectos negativos en los bloqueos creativos en alumnos de la ESAV»

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