Cómo despedir y recibir nuevos ciclos

La vida esta llena de etapas o ciclos. Unos son por un tiempo determinado, otros simplemente no se sabe a ciencia cierta. Algunas etapas quisiéramos que acabaran pronto, y otros simplemente no deseamos que culminen. 

Aprender a despedir y recibir ciclos es fundamental en este proceso. ¿Cuántas veces por no querer despedir algo nos estamos limitando a recibir algo nuevo? 

Cada cosa llega en el momento justo, ni antes ni después. Llega cuando estamos listos para lo que sigue, o porque es necesario que termine para poder aprender algo. 

Puede ser muy doloroso despedir sobretodo aquellas etapas que nos brindaron felicidad, pues existe temor de que lo que siga no sea igual de bueno, hay miedo de que vengan cosas malas. Los cambios para muchos son incómodos, pues además te obligan a tener que adaptarte a circunstancias nuevas. 

Mudarte a otro lugar, terminar una relación de pareja, ser despedido, perder a alguien, dejar aquello que era “seguro”, todo implica un cambio. 

En lo personal, cerrar ciclos es un tema que muchas veces quisiera que no pasara, pero la vida misma me ha obligado a vivirlos para poder aprender de ellos. En el trabajo con pacientes, de igual forma llega a ser un tema muy latente, sobretodo en relaciones de pareja. 

Una de las formas en que trabajo esto, tanto a nivel personal, como con pacientes, es desde el darse cuenta. Es descubrir de aquello que hoy terminó, lo que me deja. 

A continuación te compartiré algunas preguntas que empleo mucho tanto a nivel personal como en consultorio cuando se esta atravesando una transición de ciclos, trabajando en un inicio desde el aprender a despedir. 

Aquello que hoy estamos despidiendo, ¿en qué momento de mi vida llegó? Cuando algo llega a nuestra vida, sea amistad, pareja, trabajo, cómo me encontraba antes de recibirlo. 

¿Que necesitaba yo, que eso vino a cubrir? Necesitaba apoyo, estabilidad, seguridad, etc. 

¿Qué necesito aprender de esta etapa o sigo aprendiendo? Quizá a no cometer los mismos errores, no repetir patrones, descubrir mis propias capacidades, etc. 

Hoy que ya no está, ¿en qué momento de mi vida me encuentro? ¿Sigo necesitando lo mismo que cuando inició, o ya me encuentro en otro punto? 

¿Qué experiencias me deja esta etapa? Agradezco todo lo bueno y malo que me pudo haber dejado, pues gracias a eso, ya no soy la misma persona de antes. Las experiencias dolorosas me hacen más fuerte, pues me permiten saber que puedo trascenderlas. Las experiencias alegres me permiten recordar aquellas cosas buenas que me han pasado y que también me han permitido ser quien soy ahora. 

Se vale deja fluir las emociones que se sienten, ya sea enojo, nostalgia, tristeza, ansiedad, frustración, alegría, pero una vez que las logré identificar y las dejé vivir, es hora de recibir aquello que viene. 

¿Cómo me encuentro ahora? ¿con qué herramientas cuento para afrontar la nueva etapa? ¿Qué cosas de la etapa anterior me van a servir para la nueva? 

Para todo esto, siempre es importante contar con una red de apoyo, ya sean amigos, familiares, tu psicoterapeuta, personas de confianza que te ayuden a ver que no estas sólo, sobretodo cuando existe mucha incertidumbre sobre lo que te puede deparar el porvenir.

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